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CISNE NEGRO estreno 18 de febrero

 

CISNE NEGRO

Estreno en España: 18 de febrero de 2011 

Duración de la proyección: 110 minutos

Thriller psicológico ambientado en el mundo del ballet de la ciudad de Nueva York, CISNE NEGRO está protagonizado por Natalie Portman, que interpreta a Nina, una aventajada bailarina que se ve inmersa en una misteriosa y competitiva lucha con su nueva rival en la compañía (Mila Kunis).  Presentada por Fox Searchlight Pictures y dirigida por el visionario director Darren Aronofsky (EL LUCHADOR), la película CISNE NEGRO se adentra en un emocionante y, en ocasiones, aterrador viaje por la mente de una joven bailarina, cuya interpretación de Reina de los Cisnes se convierte en un personaje para el que ella resulta inquietantemente idónea.  

 

 

Cisne Negro

 

CISNE NEGRO narra la historia de Nina (Portman), una bailarina de una compañía de ballet de la ciudad de Nueva York cuya vida, como la de todos los de su profesión, está completamente absorbida por la danza. Nina vive con su madre, Erica (Barbara Hershey), una bailarina ya retirada que apoya con entusiasmo la ambición profesional de su hija. Cuando el director artístico Thomas Leroy (Vincent Cassel) decide sustituir a la prima ballerina Beth Macintyre (Winona Ryder) en la nueva producción de la temporada, “El lago de los cisnes”, Nina es su primera elección. Pero Nina tiene competencia: una nueva bailarina, Lily (Kunis), que también ha impresionado gratamente a Leroy.  “El lago de los cisnes” requiere una bailarina que pueda interpretar tanto al Cisne Blanco, con inocencia y elegancia, como al Cisne Negro, que representa la astucia y la sensualidad. Nina se adecua perfectamente al papel del Cisne Blanco, pero Lily es la absoluta personificación del Cisne Negro. Mientras la rivalidad entre las dos jóvenes bailarinas va transformándose en algo más que una encrespada relación, Nina empieza a conectar con su lado más oscuro, con una temeridad tal que amenaza destruirla.

 

  

Cisne Negro

 

Presentada por Fox Searchlight Pictures en asociación con Cross Creek Pictures y producción de Prøtøzøa y Phoenix Pictures, la película CISNE NEGRO está dirigida por Darren Aronofsky, con guión de Mark Heyman, Andrés Heinz y John McLaughlin a partir de la historia escrita por Andrés Heinz.  El filme está producido por Mike Medavoy, Arnold W. Messer, Brian Oliver y Scott Franklin, y Bradley J. Fischer, Ari Handel, Tyler Thompson, Peter Fruchtman, Rick Schwartz, Jon Avnet, David Thwaites y Jennifer Roth son productores ejecutivos. 

El equipo creativo está compuesto por: el director de fotografía Matthew Libatique, ASC (IRON MAN 2), la diseñadora de producción Thérèse DePrez (HOWL), el montador Andrew Weisblum, A.C.E. (FANTÁSTICO SR. FOX), la música es de Clint Mansell (LA FUENTE DE LA VIDA), la supervisión musical está a cargo de Jim Black (THE WACKNESS) y Gabe Hilfer (EL LUCHADOR), las coreografías son de Benjamin Millepied y Dan Schrecker es el supervisor de efectos visuales.

 

 

Cisne Negro

 

 

El audaz y original director Darren Aronofsky (EL LUCHADOR, LA FUENTE DE LA VIDA, RÉQUIEM POR UN SUEÑO, Pi: FE EN EL CAOS) sumerge al público en un ficticio y perturbador mundo de falsas ilusiones, dobles apariencias y paranoia en la película CISNE NEGRO, su primer thriller psicológico. Aronofsky elabora una sensual y escalofriante historia en torno a una prima ballerina inmersa en una obsesiva batalla de oscuros impulsos que progresivamente la van devorando. 

La actriz nominada por la Academia Natalie Portman (CLOSER) interpreta a Nina, una ambiciosa y joven bailarina de Nueva York que aspira a interpretar el doble papel cúspide de la danza: el delicadamente inocente Cisne Blanco y el seductoramente maligno Cisne Negro del clásico ballet que consagra a las estrellas: “El lago de los cisnes”. Nina consigue el papel, pero no se siente segura de poder encarnar adecuadamente el lado oscuro de la Reina de los Cisnes. A medida que alcanza nuevos logros con su cuerpo, sus fantasías, pesadillas y celos más recónditamente escondidos empiezan a arraigar en las profundidades más oscuras de su mente, lo que motiva un peligroso enfrentamiento con la provocadora recién llegada, su mayor rival. Nina enseguida empieza a sentir una conexión, demasiado perfecta, con el seductor y mortífero Cisne Negro. 

Lejos del típico thriller enmarcado en el mundo del crimen o de las casas encantadas, el profundamente realista retrato que Aronofsky realiza de una mujer, desentrañando lo más recóndito de su mente, tiene lugar en el universo más inesperado: el artísticamente electrizante y físicamente exigente mundo del ballet profesional. Para Aronofsky era el lugar idóneo para desarrollar una historia visualmente explosiva sobre la obsesiva presión por alcanzar la perfección. Al igual que en EL LUCHADOR, esta película también le proporcionó la oportunidad de sumergirse en un mundo desconocido y profundizar en lo que provoca que las personas estén dispuestas a sacrificar tanto. 

 

Cisne Negro

 

Aunque empezó a pensar en esta historia hace quince años, Aronofsky señala que CISNE NEGRO es intencionadamente un complemento a su más reciente filme, EL LUCHADOR.  Aunque probablemente podría parecer que la lucha libre y el ballet no pueden ser mundos más dispares. CISNE NEGRO se adentra en momentos de puro terror psicológico, a diferencia de todo lo que Aronofsky ha hecho con anterioridad. El vínculo entre ambas películas reside en temas como los límites físicos o la confusión del alma, así como en un singular estilo de realización que transporta al público al fascinante mundo interior de los personajes. 

“Algunas personas dicen que el wrestling es la menor de las expresiones artísticas y otras dicen que el ballet es la mayor expresión del arte, sin embargo, esencialmente son lo mismo. Mickey Rourke interpretando a un luchador experimentaba algo muy similar a la bailarina que interpreta Natalie Portman”, señala Aronofsky.  “Ambos son artistas que utilizan su cuerpo para expresarse y ambos tienen miedo a lesionarse porque sus cuerpos son la única forma de expresión que poseen. Lo que me resultaba interesante era averiguar la relación entre las dos historias en lo que a priori podrían parecer mundos sin conexión ninguna”. 

 

Cisne Negro

 

Asimismo, ambas películas tienen un nexo de unión en la actuación de sus actores protagonistas, que les exige profundizar más allá de la superficie, dice Aronofsky, quien compara el nivel de compromiso de Portman con el de Rourke. “El personaje de Nina es muy distinto a lo que ha hecho Natalie anteriormente”, señala Aronofsky, “y su actuación está a otro nivel. Encarnar a Nina suponía tanto una proeza física como de interpretación”. 

Los desafíos de realización que implicaba CISNE NEGRO también fueron muy similares a los que supuso la particularmente intensa producción de EL LUCHADOR, incluso quizás más complicados. Tan hermético como el mundo de la lucha libre profesional, Aronofsky descubrió que el del ballet incluso podía resultar más marginal y cerrado para los ajenos a él.

Y después estaba el entrenamiento que Natalie Portman tuvo que realizar para interpretar unas escenas de ballet tan incandescentemente líricas, pues están llenas de  creciente tensión y malos augurios. “El ballet es algo en lo que la mayoría de la gente empieza a formarse con cuatro o cinco años de edad, y tal y como lo llegan a vivir, transforma sus cuerpos, les transforma como personas. Contar con una actriz que no ha experimentado todo eso para interpretar convincentemente a una bailarina profesional es el mayor de los encargos. Sin embargo, gracias a su increíble voluntad y disciplina, Natalie se convirtió en una bailarina. Le supuso diez meses de enérgico trabajo, pero su cuerpo llegó a transformarse e incluso los bailarines más estrictos se quedaron absolutamente impresionados. Estoy seguro de que el trabajo físico también la conectó con el trabajo emocional”, afirma Aronofsky. 

Aronofsky señala que le satisfizo poder disponer de un reparto que podía enfrentarse a tal reto. Los integrantes del reparto, a su vez, se sintieron atraídos por una historia que se transformaba en thriller pero  también en atrevida aventura a través de la súbita ascensión y aterrador declive de una bailarina. 

Aronofsky, por fin, tuvo la posibilidad de expresar la visión de CISNE NEGRO que tenía desde hacía diez años gracias a un guión de Andrés Heinz: un drama oscuro que transcurría en Broadway, donde se creaba una peligrosa rivalidad entre una actriz y su misteriosa sustituta. Aronofsky se sintió intrigado, pero tras haber sido testigo de la terriblemente dura formación como bailarina de ballet de su hermana, quiso cambiar el contexto inicial por el estreno de una compañía de ballet en Nueva York. Esta modificación le condujo a la creación de los personajes de Nina y Lily, dos competitivas estrellas del ballet en ascenso, dispuestas a sacrificar absolutamente todo por conseguir la actuación perfecta. 

 

 

NATALIE PORTMAN COMO NINA 

Antes incluso de finalizar el guión de CISNE NEGRO, Darren Aronofsky sabía quién interpretaría a Nina, la bailarina candidata a bailar el solo, que se ve sometida a inquietantes fantasías y espeluznantes sucesos mientras prepara el papel más importante de su vida. Tenía que ser Natalie Portman, cuya versatilidad ha demostrado en memorables personajes que abarcan desde la Reina Amidala en la saga de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS hasta su actuación nominada al Oscar y premiada con un Globo de Oro como la stripper de la adaptación cinematográfica dirigida por Mike Nichol de CLOSER.  Portman no sólo había estudiado ballet de pequeña, sino que, todavía más importante, había adquirido el compromiso de adecuarse a las inmensas demandas físicas y psicológicas de un papel que le exigía saltar, girar y perder el contacto con la realidad, todo al mismo tiempo. 

Hacía varios años que Aronofsky había contactado con Portman para hablarle de la película, por entonces todavía en ciernes. “Muy poco tiempo después empecé a pensar el concepto inicial de CISNE NEGRO, y quedé para tomar café con Natalie en Times Square”, recuerda Aronofsky. “Natalie había hecho mucho ballet antes de convertirse en actriz y había seguido haciéndolo durante años simplemente para estar en forma. Natalie me dijo enseguida que algo que siempre había querido hacer era interpretar a una bailarina”.

Aunque pasaron casi diez años desde su reunión hasta que el guión de CISNE NEGRO estuvo finalizado, cuando Portman lo leyó, se quedó fascinada por el tortuoso recorrido mental de Nina.

Al principio, Nina es lo que en el mundo del ballet se denomina “bunhead”, un término algo peyorativo para calificar a una bailarina tan consagrada a la danza que no le importa nada más en el mundo, que está muy protegida por su madre, antiguamente también vehemente bailarina, y que nunca se ha desarrollado verdaderamente como adulta. Pero cuando Nina consigue el papel de Reina de los Cisnes, algo extraño se despierta en su interior, una necesidad de explorar sus sentimientos más profundos y oscuros, lo que provoca el trastorno de su frágil estructura mental. Nina, al igual que la Reina de los Cisnes que pretende encarnar, se ve inmersa de repente en una historia repleta de encantamientos, deseos y peligros.  

Todo esto condujo a Portman hasta unos extremos que no había explorado anteriormente en pantalla, y le exigió asomarse al abismo. “Nina es una bailarina muy entregada y trabajadora, pero también es obsesiva”, explica la actriz. “Todavía no posee una personalidad propia como bailarina ni como mujer, pero mientras busca su sensualidad y sentido de la libertad, su carácter va cambiando progresivamente. Al mismo tiempo, empieza a derrumbarse, y eso suponía todo un reto“.

Portman continúa: “Lo que Nina busca es la perfección, que es algo que únicamente puede existir durante un momento, un breve y fugaz momento, pero como todos los artistas, puede llegar a autodestruirse con tal de lograrla. Cuando intenta convertirse en el Cisne Negro, algo oscuro empieza a bullir en su interior. Eso se convierte en una crisis de identidad en la que ella no sólo no está segura de quién es sino que, además, las fronteras entre ella y el resto del mundo se vuelven borrosas. Nina empieza a verse en todos los sitios literalmente”. 

Atrapada en ese vertiginoso mundo de dobles y engañosas apariencias, de misteriosos encuentros y heridas en erupción, Nina empieza a perder el control; y Portman también tenía que hacerlo. 

“Cuando Nina comienza a rebelarse contra las estructuras que la rodean”, señala Portman, “aparece toda esa paranoia que la transporta a un oscuro lugar, donde no está segura de lo que la gente quiere de ella ni de si está perdiendo o no la cabeza”. 

En medio de esta oscuridad, a Portman le encantó tener la oportunidad de sumergirse en un mundo como el del ballet, con el que ella, al igual que Nina, soñaba desde que era muy joven. “Me gustó la autenticidad de los detalles, todos muy realistas, del mundo de la danza que hay en el guión”, afirma, “y especialmente me atrajeron los paralelismos de la historia de Nina con ‘El lago de los cisnes’.  Yo la veía como a alguien que de verdad intentaba liberarse de un hechizo, que intentaba liberarse de todo el que quisiera decirle quién era y que intentaba ver a través de todo eso quién era realmente como persona y como artista”.  

Y sin embargo, a medida que Nina empieza a perder la conexión con la realidad, no puede permitir que nadie sepa lo que está experimentando por miedo a perder el papel de Reina de los Cisnes en favor de su amenazadora rival, la sensual y descarada Lily, que se ha convertido en la sustituta de Nina, tanto literal como figurativamente. 

Portman sentía curiosidad por la tortuosa relación marcada por la envidia que mantienen Nina y Lily, que se desarrolla a varios niveles. “Me gusta la manera en que se evalúan la una a la otra cuando se encuentran por primera vez, algo que hacen las chicas habitualmente”, afirma Portman. “Se trata de un mecanismo de supervivencia, hay que averiguar quién es tu máximo competidor, y en este caso, Nina ve enseguida que Lily es fabulosa, que tiene talento y que supone una gran amenaza para su puesto en la compañía. Pero, asimismo, Nina todavía no sabe quién es Lily de verdad”.   

Con el fin de mostrar todo esto en pantalla, Portman se sometió a una rigurosa preparación tanto física como psicológica. El entrenamiento físico fue más allá de lo que Portman hubiera podido imaginar nunca, pues empezó a entrenarse intensivamente, con objetivos bien marcados y durante cinco horas cada día, incluso diez meses antes de que empezara la producción. Portman se preparó bajo la tutela de varios antiguos profesores y formadores profesionales del New York City Ballet, tales como Mary Helen Bowers, que le diseñaron un extenuante y completo programa de formación en tiempo récord. 

“Hice muchos ejercicios de danza y también nadé mucho e hice pesas así como entrenamiento combinado para evitar lesiones, pues la danza es tremendamente dura para el cuerpo”, señala Portman. “Exige muchísimo esfuerzo retomar el ballet a los 28 años de edad. Aun cuando hayas tomado clases de danza con anterioridad, no eres consciente realmente de todo lo que cuesta conseguir un nivel de élite. Cada pequeño gesto tiene que ser muy concreto y estar lleno de delicadeza y elegancia. Yo ya sabía que iba a ser todo un reto, pero nunca sospeché lo realmente duro que iba a resultar físicamente”. 

Además de estudiar danza en su juventud, Portman estudió psicología en Harvard, lo cual le proporcionó información adicional sobre la desintegración mental que sufre Nina y le permitió profundizar en la surrealista experiencia que sufre el personaje. “Yo veía a Nina como si estuviera atrapada en un ciclo de obsesión y compulsión”, afirma Portman. “El lado positivo para los artistas y bailarines es que concentrándote en tal grado puedes convertirte en un virtuoso, pero después hay un lado mucho más oscuro, un lado insano, donde te puedes encontrar completamente perdido. Desde ahí tenía que partir para interpretar a Nina”. 

Portman exploró con absoluta temeridad ese lado más oscuro en cada una de las relaciones que mantiene Nina: con el implacable director artístico de la compañía de ballet, Thomas Leroy (Vincent Cassel), que la empuja a explorar los límites más desconocidos y oscuros de su interior; con su excesivamente implicada madre y antigua bailarina (Barbara Hershey), que mantiene una constante y estrecha vigilancia sobre su hija; y con la bailarina veterana (Winona Ryder), cuya carrera artística Nina tenía idealizada y cuyo repentino ocaso la deja totalmente desorientada. 

 

NATALIE PORTMAN ENTREVISTADA POR DARREN ARONOFSKY - CISNE NEGRO

 

  

 

 

Darren Aronofsky: Cuéntame cuándo empezaste a bailar, porque sé que eras una bailarina.

 

Natalie Portman: ¿No sabes la respuesta?

 

DA: Sí, lo sé, pero quiero que los demás lo sepan.

 

NP: Hice ballet y otros estilos de baile como el claqué, teatro musical y jazz hasta que tuve trece años. Después empecé a actuar y lo dejé, porque como ya sabes soy una persona de extremos. No quería dar una clase a la semana, si iba a hacerlo quería practicar todos los días.

 

DA: ¿Practicabas mucho?

 

NP: Dos horas al día durante seis días a la semana, no sólo ballet, también otros tipos de danza.

 

DA: ¿Conservas algo de todo esto?

 

NP: Sí, creo que aún retengo lo básico y mi profesora Mary Helen Bowers y otros me entrenaron sobre eso. He podido trabajar con ello, pero creo que retengo un sentido de la coordinación y esa disciplina que adquieres en los primeros años, de todas formas fue casi como empezar de cero.

 

DA: ¿Cómo fue tu presentación?

 

NP: Fue buena, fue buena, pero otros aspectos fueron un desastre. Mary Helen trabajó conmigo durante un mes la postura de pronación de mis pies y me enseñó cómo no levantar los talones al hacer el plié.

 

DA: Cuéntanos algo acerca de los diferentes profesores que tuviste.

 

NP: Mary Helen empezó conmigo un año antes, hacíamos 5 horas diarias de ballet y algo de entrenamiento para tratar de asegurarnos de que no me lesionaría al hacer las cosas demasiado rápido, ya que es un gran esfuerzo para el cuerpo. Hicimos mucha natación y ejercicios. Cuando fuimos a Nueva York empecé con otros entrenadores con los que trabajé específicamente los brazos y la flexibilidad, ya que tenía que adoptar una postura concreta y los brazos son importantes. Entonces me dieron clases Marina y Olga. Georgina Parkinson me entrenó en el movimiento específico de los brazos de cisne. Y luego estaba Benjamin, el coreógrafo, realmente era un equipo de ensueño. Él marcaba los tiempos y Mary Helen siempre estaba ahí animándome, dándome pequeños consejos. Cosas de las que no me di cuenta en el momento, algunos de los consejos más importantes eran sobre cómo estaba colocada mi cabeza o a dónde dirigía la mirada.

 

DA: Y gracias a todo eso fuiste capaz de transmitir emoción, ¿fue duro?

 

NP: La mitad de las veces intentaban que estuviese callada mientras bailaba, porque al concentrarme tanto y hablar, se me quedaba la lengua pegajosa y dejaba la boca abierta, eso fue sin duda un reto.

 

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